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"Cinco
onzas de bacalao. Una onza de aceite. Bizcocho, vino, menestra,
sal y agua y, a más, un sexto cuartillo de vinagre".
¿Un
menú de clínica de adelgazamiento? ¿Una nueva dieta de las
muchas que surgen a principios del milenio? De ninguna manera. Es
sencillamente el menú de los denominados días de pescado, que
regían en tiempos hispánicos en la Fortaleza de Santa Teresa.
Contrariamente
a lo que muchos suponen, los soldados destacados en esa remota
fortificación no llevaban una existencia casi monástica: junto a
la construcción militar, se erigió un poblado donde vivían sus
mujeres y sus hijos, el primero del Departamento de Rocha.
Todo
empezó en 1762, cuando los portugueses, previendo una nueva
guerra con España, decidieron fortificar el punto denominado
Castillos Chicos, en territorio que según el Tratado de la
Permuta de 1750 era de la Corona portuguesa, y que al ser dejado
sin efecto en 1761, volvía a ser español. El punto era óptimo:
aquella estrecha franja de tierra firme delimitada al nor-noroeste
por los bañados y por el océano al sur, era la única vía para
una penetración armada hacia la Banda Oriental o hacia Río
Grande, según quien tuviera la iniciativa bélica.
PATRONAZGO
DE SANTA TERESA
En
Octubre de 1762 se inició la construcción de los fosos y otras
labores, bajo el patronazgo de Santa Teresa, interrumpido en 1763
cuando el gobernador de Buenos Aires, don Pedro de Ceballos, dio
comienzo a las operaciones militares contra los portugueses y
capturó Santa Teresa y el Fuerte San Miguel. Una vez lograda la
paz (en ese mismo año), el gobernador de Buenos Aires decidió
levantar en Santa Teresa una fortificación de envergadura para
cortar la posibilidad de avance lusitano hacia la Banda Oriental
por el sur, a través de la zona ahora llamada Angostura de
Castillos (antes Castillos Chicos).
Fue
así que surgió el trazado de una fortificación en forma de pentágono
irregular de veinticinco caras y cinco ángulos salientes, que
abarcan una superficie de una hectárea, sesenta y un áreas y
tres metros. Los muros están construidos de doble pared de piedra
de sillería, unidas por estribos, y rellenado el espacio entre
ambas paredes con tierra y cascote para resistir las vibraciones
de los disparos de artillería y formar el camino de ronda. Obras
complementarias (foso y parapeto de tierra) cortaban el camino
desde el Fuerte a la Laguna Negra y hacia el mar, con lo que
Angostura quedaba totalmente inabordable.
Las
obras exteriores se terminaron en 1775 y las construcciones
internas hacia 1791. En esa época, ante la nueva situación
militar, perdió importancia. Iniciado el movimiento
independentista, en mayo de 1811 la fortaleza quedó en manos de
los patriotas, que a los dos meses debieron abandonarla al invadir
las fuerzas portuguesas el territorio de la Banda Oriental.
Santa
Teresa recuperó en parte su importancia militar entre 1825 y
1828, cuando sus muros fueron escenario de dos acciones del
coronel Leonardo Olivera, que desalojó de allí a los imperiales
brasileños. Luego de la paz de 1828, perdió todo valor militar y
fue desapareciendo lentamente, cubierta casi totalmente por arenas
voladoras y dunas migratorias.
Hoy
la Fortaleza es un museo militar de alta jerarquía, no sólo una
estructura, y permite apreciar cómo era la vida en aquel lugar en
sus buenos tiempos. No es un cascarón vacío, en sus recintos se
conservan elementos de la época, como las banderas de las
unidades que estuvieron prestando servicios en Santa Teresa,
expuestas en la antigua Comandancia.
Están
allí las figuras, ataviadas al estilo de aquel entonces,
cocinando, atendiendo sus tareas cotidianas. Tan es así que se
han guardado hasta las recetas, como la que se detalla al
comienzo. |