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La Naturaleza de Rocha |
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Los indígenas llegaron tardíamente al continente americano. Se cree que pasaron a través del estrecho de Bering a Norte América hace unos 30.000 años, y que llegaron a Sud América hace aproximadamente unos 12.000. En nuestro departamento existen distintos testimonios dejados por estos primitivos pobladores, entre los que se cuentan los cerritos de indios.
Quienes los construyeron habitaron nuestras tierras desde hace aproximadamente 3.700 años, desapareciendo hace alrededor de 300 años. Se calcula que hay unas 2.000 construcciones de este tipo en Rocha. Sólo en el bañado de India Muerta se identificaron 200, siendo sin duda ésta la concentración más importante de América. Su diámetro es bastante constante, siendo en muchos casos de unos 40 metros, y su altura varía mucho, desde una simple elevación que puede tener 1,20 metros, hasta los 8 metros, encontrándose en Rocha los de mayor altura. Su construcción no se efectuaba de una sola vez, sino que en diferentes capas, con intervalos de a veces varios siglos. El material empleado era tierra, parte de esta provenía de termiteros, ya que las termitas utilizan la saliva para darle consistencia a su vivienda. Los indígenas quemaban esta tierra, y de esa manera le daban solidez al cerrito. Este tenía forma de cono truncado, lo que permitía mantener su estructura. En las sierras, utilizaban pedregullo con este cometido. A veces utilizaban piedras, que en algunas ocasiones eran traídas de canteras ubicadas a distancias de hasta 50 o 60 Kmts. Habitualmente eran construídos en una depresión del terreno.
Los cerritos cumplían exclusivamente funciones rituales y funerarias, y no eran habitados por los indígenas, que vivían en sus cercanías. Contienen abundante material arqueológico, y recientes excavaciones practicadas en éstos han revelado que pertenecieron a una civilización más avanzada y con una organización más compleja de lo que se suponía. Los demás indígenas denominaban a los constructores de cerritos "los Tapuias" que significaba "los otros" o "los que son diferentes". En efecto, estos indígenas, los Arachanes, no solo eran distintos culturalmente de los demás, sino que poseían una estatura mayor y la piel más oscura. Los hombres medían alrededor de 1,70 mts., cuando un español de esa época sólo medía 1,50. Ocupaban una extensa área de llanuras y bañados que va desde el sur este y este de nuestro país hasta lo que hoy es Porto Alegre. Los cerritos no solo se encuentran en los bañados y sus proximidades, sino que también en terreno alto, inclusive en las sierras, lo que descarta la teoría que suponía eran construídos por los indígenas con el cometido de mantenerse a salvo de las inundaciones. Los rituales funerarios eran más complejos de lo que se suponía, y a medida que se van efectuando excavaciones se va aumentando el conocimiento acerca de ellos. Cuando se iba a enterrar el indio, luego de practicada la excavación se hacía un gran fuego, empleando materiales típicos del bañado, en este caso la paja. Luego que este se apagaba se depositaba el cadáver, que era acompañado de distintas ofrendas. Se han encontrado conchas de almejas de río, que obviamente aportaban algún contenido, piedras cuidadosamente pulidas, y también huesos de animales; por ejemplo una vez se encontraron huesos de tortuga junto a un esqueleto, y en otro junto a un niño se habían colocado 3 mandíbulas de zorro, todas izquierdas, dientes de 2 nutrias viejas, también izquierdas, una caparazón de peludo encima, y 2 valvas de almejas muy grandes. También se han encontrado en los cerritos y a una distancia considerable de la costa colmillos de lobos marinos, escamas de corvina negra, etc.
También se descubrieron piezas aisladas, como huesos largos o cráneos con pequeñas marcas que indican que les fue retirado el cuero cabelludo. Cerca de algunos cuerpos se encontraron boleadoras, punzones hechos de hueso de lobo marino, piedras de cuarzo, esqueletos de perros y mandíbulas de zorro. En algunos cerritos se han encontrado secciones donde la tierra está muy apretada, que hace suponer que allí se llevaba a cabo alguna ceremonia con mucha gente que participaba del evento, apisonando la tierra. Existía una jerarquía social, y de acuerdo a ésta era el lugar del enterramiento en el cerrito. Los de mayor rango ocupaban una ubicación central, siempre eran hombres, ocupando las mujeres y niños un lugar periférico. También se efectuaban enterramientos secundarios, en los cuales el esqueleto proveniente de otro sitio era trasladado dentro de un cuero y ubicado en el cerrito. En estos casos presentan el cráneo partido. La información hasta ahora recogida hace pensar que hacia el 1000 antes de Cristo hubo un crecimiento importante de población. Esto se desprende de los mayores volúmenes de tierra usados en ese período, que pueden explicarse también por un aumento en las actividades ceremoniales. En ese momento habían alcanzado un nivel interesante de integración regional, con caciques de distintas jerarquías, lo cual está en la base de desarrollos culturales más amplios que el clásico nomadismo difundido acá.
Las crónicas de los primeros europeos
relatan que había caciques principales y subalternos pero que frente a un
peligro exterior se reagrupaban; además intercambiaban bienes, se han
encontrado elementos que no pertenecen a esa zona, o sea que existía un
tráfico de distintas cosas, eso permite hablar de una relación regional de
los pueblos. A esta escala es que los estudiosos están tratando de ver
esta sociedad, y estas construcciones ayudan mucho pues son indicadores de
los cambios sociales y del advenimiento de nuevas formas políticas, con
familias más poderosas que otras. La alimentación de estos indígenas era notoriamente superior a la de las otras tribus sudamericanas, lo que indica claramente el alto grado de especialización que lograron en su relación con la naturaleza. A pesar de haber habitado esta área durante 3.700 años, no extinguieron especies y vivieron en la abundancia, sin padecer períodos de escasez pese al elevado número de habitantes. En algunos lugares, como India Muerta, la población era mayor en aquellos tiempos de lo que es hoy en día. Obviamente manejaban los recursos vivientes mucho más inteligentemente que nosotros hoy en día. Se piensa que alcanzaron el nivel anterior al desarrollo de las culturas andinas y meso-americanas. Esto ha creado un gran misterio que es el de saber porqué ese desarrollo no continuó hacia sociedades más complejas, con una mayor estratificación. En toda América la construcción de cerritos está vinculada a las llanuras inundables conectadas con el mar y se pueden encontrar en el valle del Mississippi, en Canadá, en el Amazonas, el Orinoco y también en el Paraná.
Esto se debe a que el ambiente de bañados
es muy rico en biomasa, tanto en sus formas vegetales como animales y no
sólo en diversidad sino también en cantidad. Todo esto soporta una
capacidad extractiva muy importante y la cual fue muy aprovechada por
estos pueblos recolectores y cazadores. De todas maneras se sospecha que
cultivaron algunas cosas, pues se han encontrado semillas de zapallo de
2600 años de antigüedad y partículas de calabaza, de porotos y de maíz,
que son evidencias muy fragmentarias de que hubo agricultura. Puede ser
que no se haya desarrollado mucho porque la caza y la recolección eran
muy abundantes y entonces pierde, nada más que una actividad
complementaria, como lo es para otros pueblos, como los Yanomamis de la
selva Amazónica, que van de muy mal humor a sus chacras cuando los
alimentos escasean. Esta civilización desaparece entre los años 1600 - 1640, debido a las incursiones de los Bandeirantes, grupos de portugueses esclavistas procedentes del Brasil que venían en embarcaciones hasta Río Grande donde canjeaban a los caciques de la costa baratijas por indios para esclavizar. Esto se debió a que los esclavos negros se habían vuelto muy caros, y resultaba más económico conseguirlos entre los indígenas. Las tribus de la costa efectuaban incursiones periódicas al interior para tomar prisioneros entre los tapuias, y posteriormente los bandeirantes los conducían al Brasil en sus embarcaciones para trabajar en ingenios azucareros ubicados en las proximidades de San Pablo. Las enfermedades y las malas condiciones de vida los diezmaban y motivaban así una nueva incursión. Estas expediciones comenzaron alrededor de 1580, y ya hacia el 1600 el área que ocupaban los tapuias se encontraba despoblada. Un viajero que visitó esta zona se refirió a ella como "el bañado de los indios mortos", lo que seguramente le dió el nombre a la zona de India Muerta.
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